lunes, 8 de marzo de 2010

Tinte barroco. Inaguración


Este cuento está inspirado en un pesadilla larga que tuve -alrededor de una semana-, no hace mucho. La historia es simple. Se puede leer de una sola sentada. Lo dedico a los panas de la cafetería literaria. Especialmente al Cap. Barboza y a Karenina, fuentes de inspiración -aparte de las pesadillas-.

Tinte Barroco.
Ella está frente al espejo. De tres caras, de cuerpo entero. Se observa todas las facciones detalladamente: el contorno de los ojos negros brillando con la poca luz que entra; la comisura de sus labios finos, sin color; la aún tersa piel de las mejillas antes durazno, ahora marcadas por la senectud prematura. Cada cara del espejo le muestra una máscara diferente de si misma. Nota como el tiempo pasa en su piel casi gastada, de flor a punto de expirar, en el espejo de la izquierda. La cara está mostrándoselo en un futuro no muy lejano. Profanando e hiriendo está su mirada, viendo su perfil enmarcado en dorado, con ribetes cincelados circulares y en espirales que caen sobre la superficie del cristal, tan tieso y brillante que hace daño a la vista. Con una tristeza exagerada aguándole los ojos, voltea hacia el frente. Desde esa cara, se observa una liquidez en sus facciones, hace un análisis detallado de sus piernas, largas;firmes; casi dignas de veneración. Deja caer unas lágrimas saladas en la tersa piel de sus muslos cuando descubre unas espigas rojiazules fuera de su lugar, dentro de las costuras que marcan su piel. La luz que entra por el ventanal redondo, hace más brillante la gota que se escurre lentamente desde el muslo hasta la pantorrilla y llega al suelo, nutriéndolo de una melancolía por la velocidad que podía alcanzar mientras caminaba. Sufre constantemente al intentar asentarse sobre las plantas de sus pies. No responden a sus estímulos cerebrales, llora aún más amargamente, al sospechar la rigidez de ellas, dormidas, simulando estar muertas. La gente que pasa a través de su ventana siente conmiseración ante sus gemidos cada vez más audibles, entreviendo su orgullo, su ira, su frustración, el desengaño de estar sentada en la misma posición, sola de frente al espejo mágico que muestra su futuro, su pasado y su presente. Asimismo, este pasado habla. Sobre lo que conforma su frágil espíritu y la felicidad que corría por sus venas. Ocupa casi todo el espacio de la cara. Su sonrisa vista desde afuera parece falaz. Le recorre un estremecimiento de pies a cabeza, está henchida de placer. Una lágrima asoma por sus ojos, ahora cerrados por la contemplación -una y otra vez- de ese recuerdo que no le produce sensación alguna en sus piernas, un rato dormidas, simulando correr como si estuviese huyendo del horror que ahora vendrá, consecuencia directa del anterior; ya sufrido; sin superarse aún. Convulsiona en su desesperación, chilla, recordando lo que ha visto en el espejo. A su derecha aparece el innombrable, secustrador de su alegría, sus sueños y su vida en el mundo. Es levantada por un enmascarado que , sutilmente, se hace dueño del interior y exterior de sus tesoros, sus maneras le cosen la boca en una linea similar a la que se abría paso entre sus piernas. Se desmayó por el orgullo horadado y muere su esperanza de algún día caminar de nuevo. Expira en los brazos del enmascarado, que soy yo mismo. Quien narra esta historia.

1 comentario:

  1. Tu tinte barroco siempre será tu característica...
    Al principio me asombré/molesté por lo del concepto de taguara (1era entrada de mi blog)pero no no, ya entendí, todo se trata de la inspiración...No te provoca como un chocolate caliente?
    Por cierto, esto de taguara es muy venezolano, me hace pensar que es una manera de autoconvencimiento de tus raíces dado el acento meJicanísimo en tu escritura y tu hablar cotidiano :(
    Nada tonta, te extraño, nuestros blogs casi son un feedback, te extraño, REGRESA! Hoy cumpliste 18, vente!

    ResponderEliminar