miércoles, 17 de marzo de 2010

Crónica de una bohemia.


Sección nueva. Yupi. Bajo este título escribiré aventuras literarias literalmente, basadas en experiencias lo más reales posible. ¿Se entiende? He aquí la primera crónica: un viaje por el metro de Caracas a las 7am. Quien sepa cómo es semejante odisea, entenderá perfectamente de qué estoy hablando aca.

Paseo.

7:00 am. Ella cierra la llave de la ducha, se saca el exceso de agua del cabello. Envolviendo su cuerpo con la toalla, sale y se mira en el espejo. Con la mano remueve el vapor condensado en el cristal y mira su reflejo que le devuelve una mirada llena de vida. Ella es el tatuaje que lleva en el antebrazo: una sirena. Con el cabello negro que le llega a la cintura ensaya poses masculinas, mientras conversa con el tubo de crema dental. Ensaya voces, posturas: prueba voces de amigos suyos, cómo se mantienen de pie -alguna vez con un cigarrillo en la mano, un libro o una reseña fresca de alguna revista literaria-. "La literatura siempre miente", proclamaba Vargas Llosa -repite con convicciòn-, "La literatura no se ha hecho para los ignorantes" exclamó en una clase magistral SM. Ja! Disfrutenlo, chic@s. Twittea al llegar a su laptop: "La desacreditación es magistral como el lavatrastes argentino". Abre la ventana, por fortuna, no hay ningún vecino viendo por la ventana. Deben de estar camino a sus trabajos y agobiados por el cruel tráfico que se estaciona por las calles congestionadas de Caracas. Eso y el calor que provoca salir desnudo a la calle, ver las cicatrices de una ciudad que se hacía llamar la "Sucursal del cielo" cuando lo único que es -hoy- un horno sofocante. Como cada mañana, elige de sus pocas prendas cómo disfrazarse hoy. No hace sol, al fin. Pantalones largos y bufanda, es la combinación estelar. Poco maquillaje, cabello suelto. Alimenta a los peces antes de irse, coloca su máquina en su bolso, pasa por el acuario y cierra la puerta con doble llave. Camina hacia el metro y escucha por primera vez el canto de un cristofuè encima del sonido del tráfico. Entra al metro Miranda -antes Parque del Este-, pasa el torniquete (Dios, me quedé sin ticket, recordatorio: comprar los tickets estudiantiles) y entra en el vagon por puro milagro; se oye en la radio: "Se les informa a los señores usuarios que el sistema presenta un leve retraso en estos momentos. Por favor utilice transporte superficial", Se cierran las puertas y ella se da cuenta de donde se encuentra: encerrada en un vagón plagado de gente que respira, se mueve y se queja. "Como si los quejidos movieran al mundo". Probablemente esta semana arranque mejor, piensa, mientras siente los empujones de la gente que 'trata' de llegar a tiempo a sus oficinas.
Dedicado a Daniel y a Patricia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario