miércoles, 11 de agosto de 2010


Debo decirte porque tú, burbuja,
porqué no dejo de adorarte.
Te mantienes cual fantasma,
ilusión pasajera al otro lado del cielo.
Convicción puramente sagrada
de que te llevo siempre -siempre-
palpitando en cada molécula mía.
Alegre altar ante el cual se postra,
se suplica y se palidece
cualquier deseo del mundo.
Hoy, cumples la edad que tenía yo cuando te conocí: 16 años. Te extraño, nena. Aunque no me creas, te extraño en extremo.

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